CUADERNO II · LA PRIMERA VENDIMIA

Cuando llegué a Hermitage, la colina ya llevaba siglos esperando a otros hombres.

No era la primera vendimia que veía. Tampoco sería la última. Sin embargo, aquella mañana comprendí que existía una diferencia entre recoger uvas y escuchar una tierra.

El sol apenas había superado las montañas cuando comenzaron a aparecer los primeros vendimiadores. Nadie hablaba demasiado. Solo se oía el roce de las tijeras, el sonido de los cestos apoyándose sobre el suelo y el viento descendiendo por la ladera.

Más tarde supe que aquel viento tenía nombre.

Mistral.

Había escuchado hablar de él durante mi viaje, pero nadie me explicó que no era únicamente un viento. Era un compañero de trabajo. Secaba la humedad, limpiaba el cielo y obligaba a las cepas a resistir un poco más cada año.

Aquellas viñas parecían pequeñas frente a la inmensidad del valle, pero escondían una fuerza difícil de describir. Cada raíz buscaba el granito como si conociera el camino desde hacía generaciones.

Me acerqué a un anciano que llenaba lentamente su cesta.

—¿Cómo sabe uno cuándo empieza una gran vendimia? —pregunté.

El hombre sonrió sin dejar de cortar un racimo.

—Cuando dejas de mirar las uvas y empiezas a mirar la colina.

No entendí sus palabras.

Todavía no.

Pasaron las horas. El sol cambió de posición. Los cestos se fueron llenando y comprendí que nadie tenía prisa. Cada racimo parecía esperar exactamente el instante adecuado para ser recogido.

Aquella paciencia me sorprendió.

En otros lugares había visto cosechar para llenar bodegas. Allí comprendí que se vendimiaba para respetar un lugar.

Al caer la tarde miré Hermitage desde el camino.

La colina permanecía inmóvil, como si nada hubiera ocurrido.

Y, sin embargo, todo había cambiado.

Aquel día no aprendí a hacer vino.

Aprendí que los grandes vinos empiezan mucho antes de entrar en una bodega.

Empiezan cuando alguien entiende que la naturaleza nunca trabaja deprisa.

Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.