EL MISTRAL

EL VIENTO INVISIBLE DE HERMITAGE

Hay elementos que se pueden tocar.

El granito, la tierra, las cepas viejas o los muros de piedra están siempre delante de nuestros ojos.

Pero existe otro protagonista que no se ve y que, sin embargo, forma parte de cada gran vino nacido en la colina de Hermitage: el Mistral.

Quien visita Hermitage suele recordar la pendiente, la roca o el río Ródano. Sin embargo, los viticultores saben que el viento también trabaja cada día sobre la viña.

Un viento con nombre propio

El Mistral es un viento frío y seco que desciende por el valle del Ródano desde el norte. Puede soplar durante horas o incluso varios días, con una fuerza capaz de transformar el paisaje y de poner a prueba tanto a las personas como a las cepas.

No es un fenómeno ocasional. Es una de las constantes que han moldeado el carácter de Hermitage durante siglos.

El mejor aliado contra la humedad

Después de la lluvia, el Mistral seca rápidamente hojas y racimos.

Ese simple gesto de la naturaleza reduce la humedad que favorece muchas enfermedades de la vid y permite mantener las uvas en mejores condiciones sanitarias.

Por eso, cuando se habla de grandes terroirs, no basta con mirar el suelo. También hay que mirar el cielo y comprender el viento.

Una vid obligada a resistir

El Mistral no acaricia las cepas.

Las obliga a resistir.

Cada ráfaga exige a la planta desarrollar raíces más profundas y una estructura capaz de soportar el esfuerzo constante. Esa lucha diaria forma parte del equilibrio natural del viñedo.

En Hermitage, la calidad nunca es fruto de la comodidad.

El compañero invisible del granito

El granito drena el agua.

La pendiente evita el exceso de humedad.

El Mistral termina el trabajo secando la viña y creando un ambiente especialmente favorable para la maduración de la Syrah.

No actúan por separado.

Su verdadera fuerza aparece cuando trabajan juntos.

Un vino que también nace del aire

Cuando se habla de un gran Hermitage es habitual mencionar la mineralidad, la profundidad o la capacidad de envejecimiento.

Sin embargo, todas esas cualidades empiezan mucho antes de la vendimia.

Empiezan en una colina donde la roca sostiene la viña, el sol madura lentamente la uva y un viento persistente recuerda, cada día, que la naturaleza nunca deja de intervenir.

Quizá por eso el Mistral no aparezca en la etiqueta de ninguna botella.

Pero quien comprende Hermitage sabe que también está dentro de cada copa.

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