LOS GRANDES AÑOS DE HERMITAGE

Hay vinos que nacen para ser disfrutados. Otros nacen para entrar en la historia.

En Hermitage, las grandes añadas no son una casualidad. Son el resultado de un equilibrio casi imposible entre el clima, el viento, la lluvia, el granito y el trabajo del viticultor. Cuando todos esos elementos coinciden, la colina produce vinos capaces de emocionar durante décadas.

No existe una fórmula mágica. Tampoco una vendimia perfecta. Cada gran añada posee una personalidad propia.

La naturaleza siempre tiene la última palabra

En una pequeña denominación como Hermitage, unos pocos días pueden cambiar por completo el destino de una cosecha.

Una primavera lluviosa puede reducir la producción. Un verano excesivamente cálido acelera la maduración. El mistral seca las cepas después de la lluvia y protege la uva de enfermedades. Las noches frescas conservan la acidez y permiten que la Syrah desarrolle lentamente toda su complejidad aromática.

El viticultor observa el cielo cada día, pero nunca puede controlarlo.

Una gran añada no significa lo mismo para todas las bodegas

Es un error frecuente pensar que una cosecha excepcional garantiza vinos extraordinarios en todas las bodegas.

No es así.

Cada productor interpreta la añada de forma distinta. La fecha de vendimia, la selección de la uva, la vinificación o el tiempo de crianza hacen que dos vinos nacidos el mismo año puedan ofrecer personalidades completamente diferentes.

La añada marca el escenario.

El productor escribe la historia.

Añadas que han dejado huella

Algunas cosechas han alcanzado un reconocimiento casi unánime entre aficionados, críticos y coleccionistas.

1990 permanece como una referencia histórica por la extraordinaria madurez de la fruta y su increíble capacidad de envejecimiento.

1999 destacó por su equilibrio y elegancia.

2009 ofreció vinos generosos, intensos y seductores desde jóvenes.

2010 es considerada por muchos una de las grandes cosechas modernas gracias a su precisión, profundidad y longevidad.

2015 unió concentración y frescura de una manera excepcional.

2018 produjo vinos poderosos, con abundante fruta y enorme potencial de guarda.

2022, todavía joven, apunta a convertirse en una añada de enorme interés por la calidad de la fruta y el equilibrio alcanzado durante la vendimia.

Cada una expresa una forma distinta de entender Hermitage.

La paciencia forma parte del vino

Los mejores Hermitage rara vez muestran todo su potencial en los primeros años.

Muchos necesitan diez, quince o incluso veinte años para desplegar toda la complejidad que esconden en la botella.

Con el tiempo aparecen aromas de trufa, cuero fino, aceituna negra, especias, sotobosque y flores secas, mientras la estructura se vuelve más sedosa y elegante.

Es entonces cuando la colina comienza a hablar.

La mejor añada siempre es la que emociona

Las clasificaciones son útiles. Los informes climáticos también.

Pero ninguna tabla puede sustituir la emoción de descorchar una botella que transmite el lugar donde nació.

 

En Hermitage, una gran añada no es únicamente una cuestión de puntos o de prestigio.

Es el instante en que la naturaleza, el tiempo y el trabajo humano consiguen hablar con una sola voz.

 

 
 
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