PAUL JABOULET AÎNÉ:

EL NOMBRE QUE HIZO SOÑAR AL MUNDO CON HERMITAGE

 

Durante mucho tiempo, para miles de aficionados al vino de todo el mundo, descubrir Hermitage significaba descubrir un solo nombre: Paul Jaboulet Aîné.

No fue casualidad.

Mientras otras casas trabajaban discretamente, Jaboulet consiguió llevar el nombre de Hermitage mucho más allá del valle del Ródano. Sus vinos empezaron a aparecer en las mejores cartas de restaurantes, en las bodegas de los grandes coleccionistas y en las mesas donde el vino era mucho más que una bebida.

Su historia comenzó en 1834, cuando Antoine Jaboulet fundó la casa en Tain-l’Hermitage. Desde entonces, varias generaciones fueron ampliando el patrimonio familiar hasta convertirlo en uno de los grandes referentes de la denominación.

Pero hay una botella que cambió para siempre la historia de la casa.

La Chapelle

Si existe un vino capaz de resumir el prestigio de Hermitage, probablemente sea Hermitage La Chapelle.

Su nombre procede de la pequeña capilla que corona la colina, visible desde prácticamente cualquier viñedo de la denominación.

Durante décadas, La Chapelle fue uno de los vinos franceses más admirados del planeta. Algunas añadas, como la legendaria 1961, forman parte de la historia del vino y todavía hoy siguen siendo objeto de culto entre coleccionistas.

Sin embargo, reducir Jaboulet únicamente a La Chapelle sería injusto.

Mucho más que un gran tinto

La casa produce vinos procedentes de diferentes parcelas de Hermitage y también de otras denominaciones del valle del Ródano.

Entre ellos aparece una pequeña joya mucho menos conocida: Le Chevalier de Sterimberg, uno de los grandes blancos de Hermitage.

El protagonismo casi absoluto de la Syrah ha hecho que muchos aficionados ignoren que en esta colina también nacen algunos de los blancos más longevos y emocionantes de Francia.

Y Jaboulet lleva generaciones demostrándolo.

Una nueva etapa

En 2006 la propiedad pasó a la familia Frey, iniciando una profunda renovación de los viñedos y del trabajo en bodega.

La esencia, sin embargo, continúa siendo la misma: interpretar Hermitage con respeto y dejar que la colina hable por sí sola.

Porque las grandes bodegas no solo elaboran vino.

También conservan la memoria de un lugar.


 

Si Hermitage posee un rostro reconocido en todo el mundo, durante muchos años ese rostro fue Paul Jaboulet Aîné.

 

Porque antes de descubrir una colina, millones de aficionados descubrieron una etiqueta. Y esa etiqueta llevaba un nombre:

Paul Jaboulet Aîné.

 
 
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