EL ESCUDO

 

Una vez dejamos atrás la pequeña capilla del cuello, la mirada llega al centro de la etiqueta. Allí aparece un escudo de inspiración clásica que preside toda la composición.

No está colocado para decorar el espacio. Ocupa el lugar más importante de la etiqueta porque representa la identidad del vino y de quienes lo elaboran.

El diseño recuerda a los antiguos blasones europeos, un lenguaje visual asociado desde hace siglos a la tradición, el prestigio y la continuidad. No pretende impresionar con un dibujo complejo, sino transmitir la sensación de que detrás de esta botella existe una larga historia.

En una etiqueta moderna podría haberse sustituido por un logotipo más sencillo. Sin embargo, La Chapelle mantiene este escudo porque forma parte de su personalidad y conecta el vino con la tradición de Hermitage.

Es un detalle que muchos consumidores apenas observan, pero la etiqueta lo sitúa en el centro para que sea una de las primeras cosas que veamos.

Ahora podemos empezar a leer el nombre que aparece justo debajo del escudo: Hermitage.

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