LA CAPILLA

El corazón visible de Hermitage.

 

Cuando se piensa en Hermitage, hay una imagen que aparece una y otra vez: una pequeña capilla de piedra situada en lo alto de la colina.

Visible desde el valle y desde las aguas del Ródano, la capilla se ha convertido con el tiempo en el símbolo más reconocible de Hermitage. Mucho antes de que los vinos alcanzaran fama mundial, ya vigilaba silenciosamente los viñedos y los caminos que cruzaban la región.

La construcción actual se levantó en el siglo XIX sobre los restos de una capilla más antigua. Desde entonces, ha acompañado generaciones de viticultores, viajeros y amantes del vino que han contemplado la colina desde la distancia.

Sin embargo, su importancia va más allá de la arquitectura. La capilla representa la memoria de Hermitage. Es el punto donde confluyen historia, leyenda y paisaje. Desde sus alrededores se comprende la relación entre el río, las terrazas, el granito y el trabajo humano que ha dado forma a este lugar único.

Para muchos visitantes, alcanzar la capilla supone el momento más emocionante de la visita. Desde allí la vista se abre sobre el valle del Ródano, los pueblos vecinos y las laderas cubiertas de viñas que producen algunos de los vinos más admirados del mundo.

Quizá por eso la capilla aparece en innumerables fotografías, etiquetas y relatos. No es solamente un edificio. Es la imagen que resume el espíritu de Hermitage.


«Desde la cima de la colina, la capilla observa el paso del tiempo. Los viñedos cambian. Hermitage permanece.»

 

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