LA COLINA

 

Hermitage no es una región extensa.

Es una sola colina.

Poco más de cien hectáreas suspendidas sobre el Ródano, frente a la ciudad de Tain-l’Hermitage.

A primera vista parece un paisaje tranquilo.

No lo es.

Las pendientes son pronunciadas. El suelo está formado principalmente por granito. El viento recorre la ladera durante todo el año y obliga a la vid a luchar por cada racimo.

Generación tras generación, los viticultores construyeron muros de piedra para sujetar la montaña y hacer posible el cultivo.

Nada en Hermitage es sencillo.

Quizá por eso sus vinos poseen una personalidad tan singular.

La Syrah encuentra aquí una de sus expresiones más profundas: concentración, elegancia y una extraordinaria capacidad de envejecimiento.

Pero Hermitage no es solo geología.

Es también el trabajo de quienes han modelado esta colina durante siglos.

Cada terraza, cada muro y cada cepa forman parte de una historia que sigue escribiéndose vendimia tras vendimia.

 

Bienvenido a la colina.

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