EL MERCADO

Cuando el precio deja de depender del vino.

Hay una pregunta que todos nos hemos hecho alguna vez.

¿Cómo puede una botella de vino llegar a costar miles o incluso decenas de miles de euros?

La respuesta sorprende a mucha gente.

No son las uvas.

No es la botella.

No es el corcho.

Ni siquiera el extraordinario trabajo realizado durante años en la viña y en la bodega.

Todo eso explica por qué un vino puede ser excepcional.

Pero no explica por sí solo su precio.

La respuesta tiene otro nombre.

El mercado

Una bodega decide el precio al que pone un vino a la venta.

Pero, desde el momento en que la botella sale de la bodega, deja de ser ella quien decide cuánto vale.

A partir de ese instante, es el mercado quien toma el relevo.

Cada botella abierta reduce el número de las que quedan.

Cada añada agotada convierte las botellas restantes en algo todavía más escaso.

Y cuando miles de personas desean aquello que apenas existe, el precio comienza a cambiar.

No porque el vino haya mejorado.

Sino porque cada vez resulta más difícil encontrarlo.

No se compra únicamente un vino.

Se compra la posibilidad de poseer algo que casi nadie puede tener.

Eso ocurre con una obra de arte.

Con un violín histórico.

Con un reloj legendario.

Y también con los grandes vinos.

Su valor deja de depender únicamente de lo que son.

Empieza a depender de lo difícil que resulta conseguirlos.

Hermitage conoce perfectamente esa realidad.

La colina no puede crecer.

Cada vendimia produce un número limitado de botellas.

Cuando una cosecha es extraordinaria, el mundo entero puede desear ese vino.

La producción, sin embargo, sigue siendo exactamente la misma.

Es entonces cuando aparece el mercado.

Y el mercado siempre responde igual.

Si la demanda aumenta y la oferta no puede hacerlo, el precio sube.

No es un capricho.

Es una consecuencia.

Por eso existen vinos de miles de euros.

No porque las uvas valgan esa cantidad.

Ni porque una botella sea diferente de las demás.

Sino porque muy pocas personas pueden llegar a poseerla.

En el mundo del vino conviene distinguir dos conceptos que a menudo se confunden.

El coste de elaborar un gran vino.

Y el valor que el mercado está dispuesto a reconocerle.

Entre ambos puede existir una distancia enorme.

Porque el precio de un gran vino no termina de nacer en la viña.

Tampoco en la bodega.

Empieza allí.

Pero acaba decidiéndose, inevitablemente, en el mercado.

 

 

Una gran botella nace en la viña.

Su precio definitivo nace en el mercado.

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