Eso lo entiende c

¿TIENES UN FLAN EN LA NEVERA?

ABRE ESE MOSCATEL.

Hay botellas que pasan años esperando una ocasión especial. Y hay ocasiones especiales que llevan años esperando esa botella.

El moscatel suele vivir condenado al café de Navidad o a una sobremesa olvidada. Mientras tanto, un flan casero aparece cualquier domingo en miles de neveras… y casi nadie une ambos mundos.

Es un error.

El flan no necesita un vino seco que choque con el azúcar y deje un final amargo. Necesita un vino que hable el mismo idioma. El moscatel lo hace.

Sus aromas de miel, flor de azahar, uva madura y fruta confitada abrazan la vainilla, los huevos y el caramelo del flan sin pelearse con ellos. El vino no tapa el postre. Lo prolonga.

Además, servido ligeramente frío, el moscatel limpia la boca después de cada cucharada y evita esa sensación pesada que dejan muchos postres.

No hace falta esperar una celebración.

Solo abrir la nevera.

Si hay un flan esperando…

…ya tienes la excusa perfecta para abrir esa botella de moscatel que lleva demasiado tiempo guardada.

Porque el mejor maridaje no siempre nace en un restaurante.

A veces nace en la cocina de casa.

¿Te atreverías?

Saca un flan de la nevera.

Enfríate una copa de moscatel.

No leas más.

Pruébalo.

Si después sigues pensando que el moscatel solo sirve para brindar en Navidad, prometo no volver a insistir.

Pero sospecho que, desde ese día, siempre querrás tener una botella esperando junto al flan.

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