LA SELECCIÓN DE LA UVA

No todo lo que se vendimia llega al vino

 

A primera vista, podría pensarse que una vez vendimiadas las uvas, el trabajo más importante ya ha terminado. En Hermitage ocurre exactamente lo contrario. Antes de convertirse en vino, cada racimo debe demostrar que merece formar parte de él.

Durante la vendimia se realiza una primera selección directamente en la viña. Los vendimiadores descartan los racimos que no presentan un estado sanitario perfecto o que no han alcanzado la maduración adecuada. El objetivo nunca es llenar depósitos, sino preservar la máxima calidad.

En muchas bodegas, la selección continúa al llegar a la bodega. Los racimos vuelven a revisarse cuidadosamente y, en algunos casos, incluso cada baya es inspeccionada antes de iniciar la vinificación. Cualquier uva que no responda al nivel de excelencia buscado queda fuera del proceso.

Esta exigencia reduce todavía más la producción. Parte de la cosecha, obtenida tras un año entero de trabajo, simplemente no llegará a convertirse en vino. Es una decisión difícil desde el punto de vista económico, pero imprescindible para mantener el carácter y la identidad de Hermitage.

La calidad no nace únicamente de una gran viña. Nace también de la capacidad de renunciar a aquello que no alcanza el nivel esperado.

 

Por eso, en Hermitage, la verdadera selección no consiste en elegir las mejores botellas. Comienza mucho antes, cuando alguien decide que no todas las uvas merecen convertirse en vino.

 

 

 

 

 

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